¿Podemos cambiar el mundo?

“La cultura y el Estado- no nos engañemos sobre esto- son rivales: el Estado de cultura no pasa de ser una idea moderna. Lo uno vive de lo otro, lo uno prospera a costa de lo otro. Todas las épocas grandes de la cultura son épocas de decadencia política, lo que es grande en el sentido de la cultura ha sido apolítico, incluso antipolítico”.
Nietzsche

Cultura y Estado son rivales. ¡Qué bien nos aprendimos esta frase del “gran filósofo”!

Tengo un amigo vitalista, positivo y con fe que piensa que puede cambiar el mundo. Yo intento seguir sus consejos y creo que lo consigo, pero a veces te lo ponen difícil y te haces ciertos planteamientos.

Hoy ha sido un día de esos en los que me he levantado con una duda existencial y quería compartirla con vosotros. Quizás os parezca algo demasiado de moda, un cliché, pero… ¿os habéis tomado un sólo segundo para meditarlo verdaderamente?

¿Cuál sería para vosotros la política ideal? Lejos de colores y convencionalismos…¿cuál sería su función? y ¿qué debe hacer esta por la cultura?

Creo que partiendo de las respuestas a estas preguntas empezaremos a iniciar la búsqueda de la solución para empezar a poder cambiar el mundo. Un mundo gris oscuro, casi negro. Quizás con delgadas franjas rojas, pero sin amarillos, sin naranjas, sin verdes ni rosas, sin blancos ni azules.

¿Cómo se cambia un mundo así? ¿Cómo se cambia un mundo sin la ayuda ni el interés de los gobernantes?¿Sin el interés del pueblo?

Yo creo en la política. Una política libre y actual, joven, fresca, enérgica, respetuosa, sin miedos, pero discreta, humilde pero decisiva, segura, con ganas de trabajar y de ayudar. Creo en una política culta, que conozca su historia y no la olvide ni la deseche, puesto que será la única forma de tenerla presente para no cometer los mismo errores.  Creo en una política que ayude a los jóvenes, que haga lo imposible para que un padre de familia no tenga que pedir en la calle. Creo en la política que va al cine,  a ver un partido de baloncesto, al teatro, a un concierto, a una peregrinación o a una exposición de arte. Pero que va no por obligación, sino por ganas. Creo en aquella política que fomenta la creatividad, la participación y la felicidad de su pueblo. Que escucha lo que quiere la gente, dentro de la coherencia y la viabilidad, y que lo haga.

También creo en un pueblo comprometido y con ansias de aprender. Sin miedos, sin vergüenza -en el buen sentido de la palabra-, sin rencor. Creo en la gente capaz,  en las personas inventoras, en las luchadoras y en las que ayudan a los demás. En un mundo accesible en el que todos seamos iguales.

Al leer esto lo primero que pensarás es que no existe. Lo sé. Soy consciente. Pero con el alma de emprendedores que tenemos ¿por qué no la creamos?

¿Se puede borrar un dibujo a lápiz y corregirlo o hacer uno nuevo? ¿Por qué no hacemos lo mismo? ¿Sois capaces? Si es necesario tira el papel, pero créalo. Probablemente necesitemos hacer varios brainstormings con nuestros compañeros, al igual que es necesario para crear o construir cualquier producto o idea.

En cuanto a las relaciones de la política con la cultura he de decir que creo que un político, pese a tener más o menos conocimientos o intereses artísticos, debe ser conocedor de lo que se está desarrollando, y contribuir a ello. Y si él no sabe, debe poner al frente a personas bien formadas y experimentadas que sean capaces de crear cultura. Buag! que repetido está esto ¿verdad? Pues pese a ello, no se enteran. Hacen multitud de proyectos inacabados, simples o repetitivos. Mi consejo es que o te bañas o no, no te mojes sólo los pies. Para hacer un proyecto sin alma mejor es que no se ejecute.

En fin, volviendo a lo de cambiar el mundo…Hay que darle muchas pinceladas al lienzo. Algunas serán fáciles y otras costarán más. Probablemente el primer día, cojas el pincel, lo bañes en verde y des el primer trazo con mucha fuerza, entusiasmo y seguridad. Pero estoy segura que en algunos momentos los críticos te lo pondrán tan difícil que dudes de si volver a cogerlo o en el caso de que lo cojas pensarás si bañarlo en marrón oscuro, incluso gris.

En ese momento, tomate un respiro. Olvídate de los críticos. Siéntate delante de tu obra y piensa en tus primeros propósitos. Y teniendo en cuenta todo y remando a contracorriente, usa los colores y crea algo atrayente que invite al deleite. Algo que ilumine, algo que invite a sonreír y a soñar. Algo con magia. Muéstralo donde puedas y a quien puedas. Escucha las críticas pues ellas te harán más grandes. Pero no te obsesiones.Entonces, y sólo entonces, estarás cambiando el mundo.

Mi amigo Paco quiere cambiar el mundo. Sus dibujos y sus pinturas nos enseñan sus pensamientos, sus ideas, sus miedos, su entusiasmo y genialidad. Con lo último me quedo.

¿Tú vas a ayudarle?

R

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