EL RETRATO SINESTÉSICO DE MIGUEL ANGELIT

Los que visiten este año la II Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla, SACO, tendrán el lujo de poder participar en esta performance que forma parte de FORMA, TEXTURA Y COLOR. Percepción, Expresión y Emoción.

¡SI, PARTICIPAR! 

Sólo tendrán que sentarse, observar, sentir y crear un retrato sinestésico del artista. 

Miguel Angelit es un joven artista e historiador del arte. Es un artista polifacético y emergente. Sus incursiones en el mundo del arte se caracterizan por acciones experimentales en las que el espectador ocupa un papel fundamental, incidiendo así en la democratización del arte. Entiende el arte como metáfora visual, en la que el respeto a las diversas emociones y opiniones que produce en el público se aúna el interés didáctico.

Con sus ideas pretende abordar temas prohibidos en la sociedad actual y denunciar situaciones desfavorables para el ser humano, como trató en su trabajo OWNER. También habla de la democratización de la marca como en su serie MEMENTO MORI o intenta romper las barreras comunicativas que actualmente construimos por el uso de tantos dispositivos. 

Pero sin duda, lo que le hace crear esta performance es la contemplación de la despreocupación de la sociedad por la emoción o la pérdida de la capacidad para emocionarnos o sentir. El trabajo, la falta de tiempo, los miedos nos frenan a dejarnos llevar por nuestros sentimientos. Las personas no se emocionan a no ser que vean la última de Bayona, claro está. Parece que aprendimos bien aquella frase de Philip Roth que hablaba de que debíamos estar por encima de nuestros sentimientos, puesto que ellos nos llevarían a la destrucción. 

Este desinterés sensitivo se ha traslucido en el arte. Las creaciones artísticas se han comercializado. El artista crea piezas para subsistir. Pinta o esculpe aquello que vende a un público inexperto que simplemente compra arte para alardear de su cultura, por blanquear dinero o para invertir. El público como el artista no hace lo que verdaderamente siente. No se deja llevar. 

Necesitamos que vuelva el arte de la emoción, de los sentimientos. Necesitamos hacer que las personas sientan, se encuentren a ellos mismos, rían, lloren, y se emocionen ante la obra de arte. Se emocionen en cada exposición. Interactúen, hablen y escuchen los discursos y las obras, y con este objetivo, se ha diseñado este proyecto.

¡Os contamos en qué consiste!

La propuesta comporta un experimento creativo cuyos ingredientes son los sentimientos estéticos y las transformaciones simbólicas que pueden aparecer como resultado de la percepción sinestésica de una persona. La sinestesia se define como sensación secundaria que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra. La sinestesia permite a una persona, atribuir colores a sonidos, formas a colores, sonidos a formas, etc. Se cree que todo el mundo es capaz de percibir la sinestesia en mayor o menor grado. Numerosos artistas poseen esta capacidad, uno de los más representativos es Robert Delaunay, principal representante del cubismo órfico. Este representó la pureza del color, sin tomar como referente ningún objeto de la realidad, pretendiendo con ello conseguir la misma sensación que las composiciones musicales producen en el espectador mediante sus “partituras de color”. Con lo cual, nos encontramos ante un artista que juega con el color para conseguir una sensación auditiva.

Partiendo de la premisa de que se puede poner color a las sensaciones, intentaremos colorear los sentimientos o percepciones que nos produce una persona. Para comprobar si existe esta cualidad o no en las personas, he creado esta acción artística: “Retrato sinestésico”.

El experimento consiste en demostrar la capacidad sinestésica de cada persona, así como la subjetividad y el factor psicológico en dicha experiencia. El visitante se sentará frente al artista, y ambos tendrán que retratar a su contrario en 5 minutos. Las premisas del retrato deben ser el uso de elementos que no hagan alusión a la forma humana, debiendo usarse colores, formas geométricas y abstractas, con el fin de reflejar las emociones o sentimientos que el retratado le transmite.

Como resultado, el público podrá llevarse un retrato realizado por el artista, además de realizar el experimento y adquirir una experiencia. El artista, por su parte, obtendrá retratos de él mismo realizados por personas diferentes, con lo cual, podrá comprobar si las distintas personas coinciden en asignar al artista unos colores o formas determinados o completamente distintos. Se juega con la subjetividad, las emociones, las impresiones, en cierto modo se trata de un retrato psicológico bidireccional, pues tanto retratista como retratado se reflejan en la obra.

Retrato a la comisaria (2016). Miguel Angelit.

Miguel Ángelit y Rocío Monsalves.

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